A SANTIAGO CALATRAVA, un tipo tan pagado de sí mismo que descuella en el mundo de los egos hipertrofiados del star-system de la arquitectura internacional, andan buscándole las cosquillas a cuenta de un encargo directo del Govern balear en tiempos del PP en abril de 2007, por el que sospechan que se pagaron comisiones. Al menos, eso es lo que cree el juez instructor del 'caso Palma Arena', que lo ha llamado a declarar por qué cobró 1,2 millones de euros por el anteproyecto de un palacio de la ópera en la bahía de Palma con el que el iluminado de Jaume Matas quería emular a Sydney.
No es sólo el juez el que anda levantándole las alfombras del estudio al arquitecto e ingeniero, sino que la Hacienda española también está detrás de él por prevaricación, malversación y fraude ya que las facturas con que cobró estaban tan detalladas como las que le da el fontanero que va a su casa a arreglar la cisterna. En fin, un mal día lo tiene cualquiera.
Lo mejor del caso es que los peritos de Hacienda sostienen que Calatrava se limitó a presentar el mismo anteproyecto que había ideado en 1989 para el lago Lucerna en la ciudad suiza de Zurich. Como aquello no salió adelante, el afamado arquitecto lo volvió a presentar a ver si esta vez colaba, pero Matas perdió aquellas elecciones, se le vino abajo el tinglado y ahí anda, enredado en los juzgados. La ópera de Palma dio el cante y no se ha vuelto a saber nada de ella en las revistas de arquitectura, sino en las noticias de tribunales.
De siempre, uno había confiado en los sabuesos de Hacienda que un año me hicieron una paralela para corregirme a mi favor no sé si eran 3.700 o 4.700 pesetas. Así se las gastan, con aquellas sábanas enormes donde te rehacían los cálculos sin error posible. Pero esto de que los tíos se dediquen a comparar proyectos arquitectónicos, me los acaba de poner en un pedestal.
Oh, como se dieran una vuelta por aquí, la que iban a formar esos peritos con el rascacielos de César Pelli, por ejemplo, que va colocando el mismo proyecto allí donde se lo piden: en Bilbao, en México, en Tenerife o en Sevilla, qué más da. Por si las moscas, el arquitecto argentino se olvidó de firmar su proyecto de aquí, todo un detalle por si las cosas se ponen feas. ¿Y las setas de la Encarnación? ¡Ay como esos probos funcionarios dieran con la gasolinera que copió Jürgen Mayer para vendernos la moto averiada del Metropol-Paranada! Hacienda, por favor, sálvanos de la arquitectura de copia y pega.
javier.rubio@elmundo.es
19/1/11
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jueves, 20 de enero de 2011
miércoles, 17 de febrero de 2010
¿Y si el malo fuera Sacyr?
EN SU AFÁN por sacudirse las pulgas, el equipo de gobierno municipal le echa las culpas de la pifia de la Encarnación al primero que pase por allí. Léase don Zoido, que ha hecho una propuesta ni más ni menos chusca que el proyecto en sí y ya le han endosado la responsabilidad, por lo menos, de 20 millones de euros. Lo que ha dicho Zoido tampoco es que sea el acabose, entre otras cosas porque para terminar las setas de marras no sabe nadie cuánto falta. De acuerdo, será un churro dejar sólo dos pilares y sin madera, pero a cambio nos ahorramos una pasta, que tal como está la cosa es para pensárselo.
El gobierno municipal, sin embargo, en el tiempo libre que le dan los jueces, insiste en que no es momento de examinar responsabilidades y que lo que procede es tirar –nótese el matiz radicalmente exacto que puede atribuírsele al verbo– para delante y acabar como sea. Y luego, si nos quedan ganas puesto que no nos va a quedar dinero, nos paramos a ajustarle las cuentas al jurado que eligió la maquetita, al ingeniero que calculó las estructuras, al arquitecto que se lo sacó del ordenador y al lucero del alba.
De momento, ya llevamos dos ‘malos oficiales’: Emilio Carrillo, que debió ver la plenitud del Universo en el símbolo del infinito que describen los dos parasoles ya construidos, y Jürgen Mayer, que como es alemán y está lejos no va a protestar. Hasta que lo ha hecho. El arquitecto será alemán, pero no es tonto. Y ha venido a decir que a su estudio que lo registren, que el control de los costes y el procedimiento constructivo está en manos de la constructora y que ésta no le enseña los números de verdad ni al contable. Esto último no lo ha dicho así, pero se le intuye.
¿Y si el malo de la película fuera Sacyr? ¿O es que ya no nos acordamos de cómo tuvo que acudir Concha Gutiérrez en plan Séptimo de Caballería al rescate parcial de la concesión del metro aflojando millones cuando la obra se atascó? ¿Y si a Sacyr le conviniera que los políticos se cocieran en su propia salsa de obras demoradas y plazos incumplidos? ¿Y si a Sacyr le viniera bien todo este jaleo para presentar como inevitables los modificados, sobrecostes y ‘poyaques’ que se le antojaran? ¿Y si es verdad que se ha quedado sin liquidez porque se ha hundido el negocio inmobiliario y ahora no le interesa abrir un centro comercial más con una pescadería incrustada entre una tienda de Mango y otra de Zara?
Mientras se despejan todas estas dudas, Urbanismo sigue buscando a quien echarle las culpas. Yo que el guardia de la Campana, pedía el traslado a Sevilla Este.
El gobierno municipal, sin embargo, en el tiempo libre que le dan los jueces, insiste en que no es momento de examinar responsabilidades y que lo que procede es tirar –nótese el matiz radicalmente exacto que puede atribuírsele al verbo– para delante y acabar como sea. Y luego, si nos quedan ganas puesto que no nos va a quedar dinero, nos paramos a ajustarle las cuentas al jurado que eligió la maquetita, al ingeniero que calculó las estructuras, al arquitecto que se lo sacó del ordenador y al lucero del alba.
De momento, ya llevamos dos ‘malos oficiales’: Emilio Carrillo, que debió ver la plenitud del Universo en el símbolo del infinito que describen los dos parasoles ya construidos, y Jürgen Mayer, que como es alemán y está lejos no va a protestar. Hasta que lo ha hecho. El arquitecto será alemán, pero no es tonto. Y ha venido a decir que a su estudio que lo registren, que el control de los costes y el procedimiento constructivo está en manos de la constructora y que ésta no le enseña los números de verdad ni al contable. Esto último no lo ha dicho así, pero se le intuye.
¿Y si el malo de la película fuera Sacyr? ¿O es que ya no nos acordamos de cómo tuvo que acudir Concha Gutiérrez en plan Séptimo de Caballería al rescate parcial de la concesión del metro aflojando millones cuando la obra se atascó? ¿Y si a Sacyr le conviniera que los políticos se cocieran en su propia salsa de obras demoradas y plazos incumplidos? ¿Y si a Sacyr le viniera bien todo este jaleo para presentar como inevitables los modificados, sobrecostes y ‘poyaques’ que se le antojaran? ¿Y si es verdad que se ha quedado sin liquidez porque se ha hundido el negocio inmobiliario y ahora no le interesa abrir un centro comercial más con una pescadería incrustada entre una tienda de Mango y otra de Zara?
Mientras se despejan todas estas dudas, Urbanismo sigue buscando a quien echarle las culpas. Yo que el guardia de la Campana, pedía el traslado a Sevilla Este.
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